Datos extraídos del artículo publicado por  http://www.msomontano.es/
Fotografías originales.

   

La tradición de venerar a la Virgen en este lugar, en el que se apareció, se remonta al siglo XII. En este momento se construiría un tosco templo románico. Las primeras noticias documentales que se poseen del lugar, son de esta época y aparece con el nombre de "Ocis", "de Ozis" y "d’Ulcis". Posteriormente el término derivará en Dulcis, con el que hoy se conoce y a partir del cual, surgirá la leyenda de la aparición de la Virgen sobre un panal de miel.

   

 

El primitivo templo, debió aparecer a los ojos de los hombres de los siglos XVI y XVII, como un edificio viejo, pequeño para la gran afluencia que soportaba, lóbrego y oscuro. Por estos motivos, en el año 1658 se emprendió la construcción del nuevo santuario, que sustituiría al templo románico.

 

El siglo XVII en general y especialmente en Aragón, fue época de crisis política, económica, hambrunas, epidemias y guerras. Un hondo sentimiento de religiosidad, ante tanta penuria mundana, llevará a las comunidades a asumir los gastos en la construcción de nuevos templos, capillas y oratorios. En este contexto debe interpretarse la construcción del Santuario de Dulcis.

 

La mayor parte de la carga económica en la creación del nuevo templo recaería sobre el Capítulo de Alquézar, que ostentaba la jurisdicción y el patronato de Dulcis. También fue necesaria la aportación de los vecinos de Alquézar y sus aldeas (Buera, San Pelegrín, Radiquero, Asque y Colungo) y de las dificultades económicas que se hubieron de superar para finalizar las obras, nos habla la solución adoptada por las mujeres del lugar: el dinero proveniente de la venta de los huevos, que pusieran las gallinas los sábados, se donaría para la finalización del templo.

   

 

Junto al templo se situaba la casa, de la que dan testimonio los paramentos de sillar que se conservan al sur. La casa proporcionaba habitación al Prior y capellanes, y era utilizada como hospedería para peregrinos o viajeros. Constaba de cuatro plantas. En la planta baja tenía bodega, lagar con tres cubas de vino y una cuadra espaciosa. Una cisterna o aljibe recogía el agua de lluvia.

 

En el siglo XVII en Aragón, y también en Dulcis, queda patente la pervivencia de algunas tradiciones, como la mudéjar, que se manifiesta tanto en el uso de determinados materiales constructivos (yeso, ladrillo, tapial), como en la elección de los elementos decorativos. Otro aspecto que lo define es la sobriedad de sus exteriores frente a lo ostentoso de su decoración interior. Debido a las dificultades económicas del momento, los materiales elegidos para la construcción son austeros: generalmente ladrillo y escaso uso de la piedra sillar.

Se trata de una iglesia de una sola nave, cubierta con bóveda de lunetos y dos capillas laterales. El presbiterio, de planta cuadrada, se cubre con cúpula sobre pechinas provista de linterna y a su lado norte se adosa la sacristía. El coro se sitúa a los pies de la nave.

 

 

El elemento más destacado de este edificio es la magnífica decoración interior de yeserías, que recrea temas tanto del repertorio clásico, como del mudéjar.

La técnica para el tratamiento del yeso, es mixta: combina la talla y el molde. Partiendo de una red esbozada y marcada previamente sobre los planos de yeso fresco de la bóveda, se procede a la talla de los lazos o cintas, que se entretejen formando diseños geométricos. En los huecos que deja esta red, se aplican motivos elaborados a molde.

 

 

Los paños que decoran la bóveda ofrecen un repertorio ornamental sumamente variado: todos ellos son diferentes. Los paneles presentan una decoración seriada, susceptible de ser prolongada hasta el infinito. Las estrellas con las que han sido cubiertos estos paneles simulan la bóveda celeste. La luz natural y, más aún la de las velas, produce la sensación de que la bóveda ha perdido su consistencia sólida, generando un espacio fluido e inmaterial, efecto éste que viene potenciado por la utilización de la bicromía blanco-crema.

 

 

Esta bicromía contrasta con la aplicada en el presbiterio (blanco-gris), en donde además de la utilización de ornamentación de tradición mudéjar, se utiliza el repertorio clásico. Otro elemento que redunda en la singularización de este espacio, es el tratamiento de la luz natural. Mientras que la nave, iluminada sólo por el óculo abierto a los pies, queda en penumbra, la luz que penetra a chorro por la linterna de la cúpula, ilumina vivamente el presbiterio.

 

 

La decoración con yeserías de lazo, supuso una auténtica moda ornamental en todo Aragón en el siglo XVII, pero pocas de estas obras alcanzan la perfección y la calidad técnica de la que hicieron gala los maestros que trabajaron en Santa María de Dulcis.